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2. El arte de la interpretación

Todo es símbolo en el Tarot de Marsella. La vida cotidiana nos invita, en efecto, a interpretar los símbolos, alegorías o metáforas. Los sueños, el cine, los anuncios publicitarios, son algunos ejemplos de este juego perpetuo del encriptado-desencriptado. El juego reposa sobre sobre un significado colectivo y no sobre uno individual. En esto se diferencia del emblema, del signo, del atributo o de la alegoría. La bandera española representa a España sólo para aquellos a los que le concierne o que lo saben. Si enseñamos esta misma bandera a un pigmeo, perdera su significado ya que no tiene ningún valor emblemático. Sin embargo, el símbolo tiene un alcance universal y no padece limitaciones culturales, sociales, raciales o individuales. Si consideramos el sol, tiene, como simbolo, el mismo significado, construido sobre la luz y el calor, ya que para todos, el sol, ilumina y calienta. Por ello, es un símbolo.

Naturalmente, en presencia de un símbolo, se manifiestan en primer lugar las percepciones subjetivas, después las referencias culturales y finalmente, las realidades objetivas del objeto. Cada vez que realizamos una lectura simbólica, debemos proceder en tres tiempos: establecer la percepción individual de cada uno, estudiar el símbolo en función de nuestra cultura y, finalmente, llegar al verdadero significado objetivo del símbolo. Entonces es posible comprender como la lectura simbólica procede del conocimiento de uno mismo. Su descubrimiento induce a encontrar nuestras propias proyecciones, y la toma de conciencia de su subjetividad y pués, a través de la investigación de la neutralidad, la desaparición de las ataduras a puntos de vista individuales o culturales, para abrirse a una conciencia colectiva.

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