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2.4. El juego del Tarot
Según su iconografía medieval y la teoría de los investigadores españoles Daniel Rodes y Encarna Sánchez, habría que buscar el origen del Tarot en los catares, cuya filosofía corresponde perfectamente a la idea base del juego del Tarot. Así, la presencia de la hechizera confirma esta idea: la importancia de este personage femenino es una referencia evidente al cristianismo, diferente de la ortodoxia romana. Con el tiempo, las cartas se habrían convertido en un sistema adivinatorio.
Aún así, esta hipótesis no tiene en cuenta el caracter iconoclasta de los Perfectos Catares: nunca hubieran consentido imaginarse al Divino ... Sólo los creyenyes neo-catares a las cortes de los nobles de Lombardia pudieron, eventualmente, inspirar el dualismo subyacente del Tarot.
La iconografía medieval del juego ha conducido a otro investigador a situar el origen del juego
a la Edad Media francesa del siglo XII. Rom sostiene que los nombres en francés
de los arcanos mayores y de los honores han dado lugar a una codificación simple de los monjes
benedictinos. Concluye que el Tarot de Marsella de Nicolás Conver es el proto-tarot mítico
buscado por algunos. Los Tarot subsiguientes no serían más que derivados del producto
religioso original.
Aún así, esta hipotesis no es compartida por todos los historiadores del Tarot.
En la primera década del siglo XV, en las ciudades Milán, Bolonia y Ferrara, este juego de cartas se habrúa retomado, y posteriormente, en el siglo XVI, se hubiera extendido a toda Europa.
A fin de cuentas, en el estado actual del conocimiento admitido de forma general sobre el Tarot, éste se habría utilizado en un principio como juego. Habría tenido reglas cercanas a las del ajedrez, y por culpa de este caracter ingenioso, los Ludus Triomphorum fueron excluidos de las ordenanzas de los juegos de azar emitidas durante el siglo XV. De forma paralela, gracias a numerosos documentos del Renacimiento, en las cortes de los aristócratas, el juego del Tarot fue el centro de la diversión sofisticada. Podemos encontrar sonetos donde se contestan preguntas sobre distintos temas del juego.
Otra práctica corriente que duró hasta el siglo XIX consistía en asociar cartas del Tarot a personajes célebres; se componían sonetos o canciones con tono comico o satírico.
En el siglo XVIII vivió una rica producción de barajas de Tarot con imagenes fantásticas
inspiradas en el mundo animal, en la mitología, en la historia o en las costumbres de otros
pueblos.
El juego del Tarot era un juego de azar, con todas las consecuencias que eso implicaba, por ello,
fue reprimido por la Iglesia desde el siglo XVI.
A penas un siglo después, la Escalera Mística sobre la cual se estructuró el juego del Tarot se
olvidó completamente.
Los usos lúdicos del Tarot perdieron rápidamente importancia.
Desde finales del sigle XV, un monje anónimo denunció que el Tarot era obra del demonio, y argumentó su afirmación explicando que estas cartas llevaban al Hombre a los vicios, y que el creador del juego usó deliberadamente figuras como el Papa, el Emperador, las virtudes cristianas e incluso Dios.
El monje escribió que
si el jugador pensaba en el significado de los 'papeles [de juego]', se
iría corriendo.
En efecto, en las cartas del Tarot hay una cuadruple diferencia. Por un lado está
dilapidado el dinero entre las manos de los jugadores. Esto subraya el caracter precario del
dinero del jugador, ya que debemos saber que jugando, perderemos nuestro dinero. Hay también
copas que ilustran que, cuando la miseria llegue al jugador, ya no podrá beber en vasos, sino
que deberá beber en copas. También están los bastos, la madera está seca para destacar la
aridad de la gracia divina presente en el jugador. Incluso encontramos espadas para subrayar
la brevedad de la vida del jugador, ya que será asesinado. En realidad ninguna categoría de
pecador está tan desesperada como la del jugador.
El juicio de la Iglesia no impidió la difusión del Tarot. Su difusión llegó a tal punto, que a principios del siglo XVIII, el Tarot se expandió desde Italia a Francia, particularmente a Marsella. La iconografía fue recogida a su vez por los centros de producción lombardos y piemonteses para renovar sus producciones.
Finalmente, bajo la presión de otros juegos más modernos, el Tarot desapareció gradualmente hasta subsistir únicamente en zonas como Sicilia, Lombardia, el Piemonte o el sur de Francia.
Mientras tanto, las imágenes del Tarot fueron objeto de manipulaciones e interpretaciones esotéricas que las llevaron a ser consideradas como iconos gráficos.
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