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2.6. Tarot y Cartomancia

Está generalmente reconocido que el periodo que cubre el final del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX, fue propicio para los profetas y videntes, en Francia y otros sitios, por las incertidumbres políticas y la profunda crisis económica.

Las prácticas videntes no eran corrientes durante el Renacimiento.
Aún así, Merlin Cocai (pseudónimo de Teofilo Folengo), escribió en 1527, en forma literaria, una especie de tratado de lectura vidente, similar a la que se usa comunmente.

Hasta la fecha, sabemos que el primer documento encontrado con la lista de las cartas del Tarot, con su respectivo valor vidente, pertenece a la ciudad de Bolonia y data de los primeros años del siglo XVIII.

En el siglo XIX, el número de videntes creció significativamente gracias a las revelaciones de Court de Gébelin, de Etteilla y de las fraternidades ocultistas.

Una de las más célebres videntes de la época fue la señora Lenormand, cuya fortuna reposa sobre un hábil uso de su imagen pública. A lo largo de su carrera, la señora Lenormand vió pasar por su salón personages de la talla de Robespierre, Marat, Danton, Napoléon Bonaparte y se convirtió en la confidente de la emperatriz Josefina.

Fue imitada por innumerables videntes que se esforzaban en sacar provecho de su arte pretendiendo ser discípulas, incluso a veces herederas, de la señora Lenormand.
Otras crearon nuevas cartas de Cartomancia basadas en el Tarot egipcio de Etteila o en las cartas de juego francesas.

Hacia 1850, la videncia mediante las cartas del Tarot y las cartas de juego se convirtió en una técnica muy popular en toda Europa. En esta misma época, el renacimiento de las filosofías esotéricas devolvió vigor a las artes mágicas y a la cartomancia en particular.

La difusión de esta práctica, embebida las clases sociales, se acompañó de una gran producción industrial para responder a las espectativas del público. A lo largo del siglo XIX fueron imprimidas, básicamente en Francia, Italia y Alemania, al menos un centenar de juegos de los caules, la moyoría tenía una remota relación con el Tarot, pero sí una fuerte relación con los libros de interpretación de los sueños o con la "Cabala del Loto".

Podemos decir desde entonces, esta moda a conservado todo su vigor, si exceptuamos los periodos de guerra.

Los sociólogos se preguntan, hoy en día, sobre la necesidad de lo irracional y de certidumbres más grandes, en la historia del hombre occidental.

Más allá de lo sobrenatural, conviene destacar la dimensión artística de las cartas del Tarot. La creación de las cartas es, en efecto, obra de dibujantes con mucho talento y de pintores cuyo trabajo atestigua no sólo gusto personal, sino también la sensibilidad artística de las corrientes de cada época.

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