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El Ermitaño

El Ermitaño es la novena carta del Tarot.

En castellano, ya no encontramos la "h" delante de la palabra "ermitaño" y sin embargo, esta letra siempre resurge cuando la deletreamos. En efecto, la palabra "hermitaño" no proviene de una persona que vive recluida, sino de la palabra "Hermético", Hermes, dios que trata el Tarot.

El ermitaño sólo muestra el camino con su lámpara a los que qestán bajo su capa. Sólo difunde su conocimiento de forma discreta.

También nos puede recordar la vida de Diógenes, filósofo griego que recorría las calles de Atenas durante el día, con una lámpara y repitiendo: busco a un hombre. Se sobreentiende, que sea digno de serlo.

En la teoría que establece una relación entre el Tarot y la Cabala, esta carta se asocia con la letra Teth. Simboliza el cambio de estado, es la sóla letra abierta hacia arriba. Thet expresa la seguridad y el refugio, la introspección y la búsqueda espiritual.

El Ermitaño interviene después de la Justicia. En el ciclo del Tarot, el Ermitaño indica la capacidad de juzgar por si mismo. Aquí está la soledad del Ermitaño que, habiendo aprendido como juzgar con claridad, tiene acceso a la profundidad del conocimiento. El sabio no es el que busca, no es el filósofo que busca o que ama la sabiduría. El Ermitaño es el que huye del hombre ya que su sabiduría es verdadera, es de facto muy prudente tanto con su palabra como con sus juicios. Juicios que esconde con mimo con el fin de que sólo aquellos que son aptos de escucharlos, sean capaces de descifrarlos. Son las frases de los maestros que resultan invisibles a los que sólo quieren ver viento, pero son ricas de conocimientos a los que intentan comprenderlas.

Allí donde se encuentra la complejidad, el portador de luz, el Ermitaño alumbra al principiante respecto a alguna faceta del problema que éste no había tenido en cuenta.

Simboliza en parte a "Lucifer", cuyo nombre significa portador de luz, es decir, que tiene el conocimiento de las cosas del mundo tal y como son; al contrario que el Papa, que es maestro de lo metafísico del mundo más allá de la naturaleza.

Es una carta que debe iluminar al interesado, pero cuidado con su luz. Esta carta, por su verdad, puede quemar los ojos del interesado, al igual que la Justicia, puede ser implacable en su juicio. En todos los casos, el Ermitaño dice la verdad, pero ésta puede estar todavía escondida.

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