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La Emperatriz
La emperatriz es la tercera carta del Tarot.
Una mujer, joven, coronada y sentada sobre un trono. La falda roja bajo el vestido azul indica, como en la Suma Sacerdotisa, que la acción está canalizada por el fin espiritual.
En su mano derecha, del lado del conocimiento adquirido, tiene el águila, la consciencia de los planos superiores que le transmite su potencia.
Las alas abiertas del águila muestran que tiene acceso a los mundos invisibles.
Sobre su corazón, un collar amarillo con forma de copa: generosidad, escucha, comunicación. Este collar está enlazado con un cinturón también amarillo y muy alto: su centro de gravedad está elevado, no es prisionera del mundo manifiesto, como ya lo sugerían las alas del águila orientadas hacia el cielo.
Esta carta es la tercera del juego, recapitula al Mago y a la Suma Sacerdotisa. El número 3 es un símbolo extremadamente poderoso y creador, la Emperatriz es comparable a la reina del ajedrez frente al rey. Es la diosa en cuanto a potencia de la creación. Es el acceso al dominio de la idea y del conocimiento, que autoriza la creación con certidumbre y sabiduría. La Emperatriz es una de las cartas más equilibradas del Tarot, y eso que es un número impar, por naturaleza inestable y abierto. Es la creatividad afirmada, la potencia, el ego que se afirma en el mundo con facilidad, ligereza y sin preocupaciones. Un bella y joven mujer o hombre (las cartas muestran sobretodo una evolución, segura de si misma, tanto del poder de su belleza y de su inteligencia, como de las capacidades de su conocimiento.
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